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lunes, 27 de abril de 2015

Zapatero: se reabre la veda


Han bastado unas declaraciones del Expresidente José Luis Rodríguez Zapatero sobre los asuntos internos del PSOE y un par de viajes al extranjero para que se reabra la veda. Es pieza de caza mayor y los tiradores se disputan el trofeo.

La caza de Zapatero empezó en 2004. Al principio, se creyeron que era una presa fácil, como un bambi, y que en poco tiempo acabarían con él. Pero resultó más huidizo y astuto de lo que ellos se imaginaban: no pudieron dar cumplida cuenta de la cacería hasta 2011. Muchos pensamos que después de 2011 se había extinguido la especie Zapatero, sobre todo durante la secretaría general de Alfredo Pérez Rubalcaba, quien hizo cuanto estuvo en su mano para borrar la huella de su predecesor, pero resulta que Zapatero seguía vivo. Ahora que ha asomado la cabeza, los cazadores, tan nerviosos como entonces, quieren  volver a abatirlo.

Se ha organizado una buena montería. Los perros sabuesos de la derecha lo persiguen, mientras los señoritos de El País, situados en los mejores puestos, esperan cómodamente que se ponga a tiro.

No sólo se han lanzado insinuaciones acerca de una presunta actividad lobista sobre la que nadie ha sido capaz de aportar un solo dato hasta el momento, sino que se han desempolvado los más gastados tópicos y se ha vuelto a hacer mofa de las hijas del ex presidente (qué cachondos somos en España). Felix de Azúa merece mención de honor: hace poco escribió un artículo en el que asumía como propia una de las consignas que con mayor entusiasmo utilizó la derecha rancia, la de que Zapatero ha sido el peor gobernante español desde Fernando VII. A los pocos días El País publicaba una carta al director de un lector irritado que corregía al frívolo Azúa, apuntando que Zapatero había sido aún peor que Fernando VII.

Puede que no esté de más recordar algunos datos básicos a  la luz de esta nueva avalancha de juicios sumarios sobre el expresidente y su gestión. No creo que mi opinión vaya a tener eco alguno, pero me siento obligado a intentarlo.

Pasados cuatro años de la derrota electoral del PSOE, no se ha descubierto ningún episodio de corrupción o abuso de poder en los Gobiernos de Zapatero. No creo que pueda decirse lo mismo de los Gobiernos de Felipe González, José María Aznar o Mariano Rajoy.

Zapatero ha sido el presidente más escrupuloso en el respeto de los procedimientos democráticos. Cumplió siempre las reglas y garantizó la independencia de los medios públicos de comunicación (a diferencia de Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy).

Zapatero acabó con ETA sin hacer concesiones. Gracias al proceso de paz que impulsó, dejó claro en el País Vasco que el principal obstáculo para la paz era ETA y no el Estado, generando así los incentivos para que Batasuna rompiera con la organización terrorista y presionara a favor del fin de la violencia.

Zapatero sacó las tropas de Irak, corrigiendo el mayor error de la política exterior española en el periodo democrático. Además, incrementó la ayuda a la cooperación como nunca se había hecho antes en nuestro país.

Zapatero puso en práctica una reforma ambiciosa de los derechos civiles y sociales. Hizo posible el matrimonio homosexual, aprobó una Ley de igualdad, estableció el cuarto pilar del Estado del bienestar (la Ley de dependencia), preparó una Ley de plazos del aborto y reformó el divorcio. También regularizó a los inmigrantes que estaban sin papeles. Y, si bien muchos lo consideran una cuestión menor, el Gobierno socialista acabó con el humo del tabaco en los centros de trabajo y en los locales públicos.

Zapatero, gracias en buena medida a la presión de sus socios parlamentarios de izquierda (IU y ERC), se atrevió a legislar, por primera vez en la historia de la democracia española, sobre la memoria histórica, intentando corregir el desequilibrio entre las víctimas de los bandos de la Guerra Civil, así como garantizar un mínimo reconocimiento a las víctimas de la represión franquista.

Por supuesto, no todo fue positivo en la tarea de Gobierno. A Zapatero se le pueden reprochar también muchas omisiones. Pondré tres ejemplos entre otros muchos posibles: no aprobó una Ley de transparencia que ya estaba preparada y que se quedó en un cajón; suprimió demasiado tarde la desgravación fiscal de las hipotecas, que tanto contribuyó a la burbuja inmobiliaria; y no aprobó nunca, ni siquiera tras el hundimiento de los ingresos por el impuesto de sociedades, una reforma fiscal ambiciosa. Su gestión de la crisis fue muy controvertida y yo mismo he escrito páginas muy críticas con la misma. Y, quizá, su mayor irresponsabilidad fuera dejar el partido en manos de Rubalcaba, un excelente ministro y número dos que, sin embargo, como número uno no supo impulsar la renovación que el PSOE necesitaba, según quedó reflejado en las peores valoraciones públicas que ha tenido nunca el líder de la oposición en España y en los peores resultados electorales del partido socialista desde la muerte de Franco.

De todo esto deberíamos debatir, aunque no se hace. Ni siquiera en el PSOE ha habido un debate abierto y franco sobre el legado de Zapatero. Lo que resulta ridículo, a la vista de su trayectoria, es ese desdén indisimulado con el que periodistas y analistas escriben sobre su figura, especialmente cuando recordamos que es el presidente más limpio que ha tenido la democracia española. Su liderazgo nunca encajó bien en nuestra cultura política, tan masculina, que espera del gobernante una exhibición de poder y prepotencia, con opiniones rotundas y siempre dispuesto a pasar por encima de lo que sea para conseguir sus objetivos.

Ignacio Sánchez Cuenca

miércoles, 22 de abril de 2015

En defensa de la objetividad


Desde que comencé mi trabajo como Secretario de Estado de Comunicación me he preguntado siempre por la controvertida y complicada relación entre política y prensa, o mas particularmente entre gobierno y medios de comunicación.

Estoy convencido que aunque el poder político tiene la legitimidad democrática del pueblo, jamás debe contraponerse esta con la libertad de expresión, pues es esta última la que proporciona la garantía  de una mayor calidad democrática y la consecución de sociedades mas avanzadas en cohesión social.

Pero no me trae a estas páginas este apasionante debate,  que comenzó con las libertades y con ellas la de prensa, y del que existen multitud de testimonios mas  autorizados que el mío. De modo que en este delicado pero apasionante asunto, estoy y estaré mas dispuesto a aprender que a enseñar.


No. No es esto lo que me ha animado a escribir esta líneas sino la preocupación que me aborda cuando veo algunas deformidades que se han asentado en nuestro país por  actitudes periodísticas que no han sabido autoexigirse el mismo nivel de exigencia que requieren.

Déjenme, antes de ir a ello, contextualizar mis reflexiones con mis primeros días en Moncloa y de la  unánime opinión que se me transmitía entonces: la responsabilidad  en comunicación era la que mas quemaba a un político. Ojo!, unanimidad inédita entre políticos y periodistas. Y es verdad; pero sólo a medias.

La mitad de verdad tiene que ver con la gestión de la información  durante las 24 horas del día de los siete días de la semana, con poco tiempo para pensar y teniendo la demanda permanente de responder en cada momento a cada cuestión.

Sólo con el rozamiento que provoca esta acelerada  actividad es suficiente para terminar afectando a tu energía disponible. Digamos que esta sería la “verdad física”  de la gestión de una Secretaría de Estado de Comunicación. Es transversal a partidos y momentos históricos. Recuérdenlo cuando escuchen  con ocasión de una crisis de  gobierno, que este siempre la achaca invariablemente a un problema de comunicación. Nada despierta mas unanimidad, salvo la del secretario de Estado.

La otra verdad, la política, tiene que ver con las convicciones y el ideario político que intentas desarrollar, y ambos no pueden valorarse desde una perspectiva personal sino colectiva. Y la gestión del Presidente Zapatero en materia de medios de comunicación públicos fue modélica en nuestro país.

Una TVE desgubernamentalizada llevó sus informativos al liderazgo de audiencia de todas las televisiones. La supresión de la publicidad institucional, que venía siendo utilizada en el pasado como aparato de agitación y propaganda progubernamental, dio a los ciudadanos la libertad de pensar sin ensuciar su raciocinio. Pioneras fueron también las conferencias de prensa “rio” donde el Presidente contestaba a todas las preguntas que se le formulaban o el programa “Tengo una pregunta para usted” que Zapatero inauguró contestando a las preguntas de los ciudadanos.

La profesión periodística, tampoco dada a halagar acciones de gobierno, hoy es, salvo la caverna, unánime en el reconocimiento de aquella labor.

Y esta realidad,  que pertenece a Zapatero y sus equipos, es la que en estos momentos estamos perdiendo a chorros. Aseveración que vuelve a demostrar que los derechos ciudadanos, en este caso a una información veraz e independiente, no son inmutables y que su permanencia exige renovados compromisos políticos.

La  primera legislatura, denominada por varios autores como la legislatura de los derechos civiles, ha sido literalmente sepultada de la información publicada desde que  nuestro país se adentro en la crisis económica mundial.

La lógica preocupación social de los efectos de la crisis económica y sus devastadoras consecuencias sociales, dominaban toda la información periodística. Pero para entonces ya se había fabricado un chivo expiatorio. Zapatero era el responsable de todo y a ello contribuyó una de las campañas mas incisivas y descalificadoras en democracia contra un Presidente del Gobierno junto al equivocado silencio propio que veía a Zapatero como un lastre electoral.

Hoy, ya pasados tres años de aquellas elecciones que dieron la mayoría absoluta al PP, me resulta digno de análisis psicológico la permanencia de esta lógica en algunos medios y en el propio PP.

El reciente debate del Estado de la Nación ha demostrado quien ha demolido la herencia recibida y quien puede recuperarla. La controversia sobre el rescate bancario a España puso en evidencia quien necesita mentir para mantener su posición contra Zapatero y quien, con simples fotocopias de periódicos, desenmascara al verdadero responsable de las visitas de la troika a España. Mas debería hacerse en este sentido, pues el patrimonio de los dos Presidentes socialistas, González y Zapatero, no les pertenece solo a ellos sino al conjunto de socialistas españoles.

Pero me resulta mas penosa la permanente descalificación editorial del que todavía es un periódico de referencia para muchos militantes socialistas, cómo es El País. Y lo expreso con el anhelo de que esta situación se modifique y de que no me enfrento a un imposible.
Reconozco que hablar de un medio de comunicación es una tarea delicada pero he decidido hacerlo en el mismo periódico pues no hubiera sido elegante hacerlo en la competencia, aunque sí mas fácil.

Me refiero al reciente conflicto con el Gobierno ocasionado por la visita del Presidente Zapatero y Miguel Angel Moratinos a Cuba.

Las declaraciones del Ministro de Exteriores Sr. Margallo me parecen totalmente fuera de lugar. Doy por comprobados los hechos que demuestran que el Gobierno estaba cumplidamente informado de esa visita y que la ausencia de notificación de la agenda se debe mas al Gobierno cubano, como bien saben todas las cancillerías europeas con relaciones con ese gobierno, que a un presunto intento de ocultar información. Además, el buen hacer de la diplomacia hubiera recomendado una llamada privada del Ministro y no las declaraciones escandalosas,  si se tenían esas dudas. Por ello, aunque es razonable que no se hurgue mas en el asunto, veo mas problemas de celotipia que políticos en la citada declaración del Sr. Margallo.

¡Ay! cuantos problemas  políticos tiene todavía España derivados de la vanidad, los celos  y la envidia nacionales.

Lo que me resulta completamente inadmisible es la afirmación editorial de El País al calificar cómo ”vacuas y pueriles” las palabras del Presidente Zapatero cuando afirma que “siempre he tratado de sumar y de actuar por el interés de España”. Es que acaso no recordamos cuando se vio obligado a defender a Aznar en la cumbre iberoamericana del 2007 mientras Chaves arremetía contra él. ¿Puede alguien encontrar mas diferencias políticas e incluso vitales entre Aznar y Zapatero cómo para achacar a este último que es vacuo y pueril su interés por defender a España?.

¿ Es que alguien recuerda que Zapatero haya hecho en alguna ocasión algo remotamente parecido a una crítica en el exterior al Gobierno de España? ¡No las ha hecho ni dentro de nuestro país! ... Ni siquiera en defensa propia frente a un Gobierno que ha construido el 80 por ciento de su relato político sobre la descalificación sin réplica a la herencia recibida'.

Pero me produce aún mas bochorno el leer en un suelto bajo el epígrafe “Análisis” “Lobistas en la Habana”, donde por el uso del plural (lobistas) se le achaca al Presidente Zapatero un interés económico personal en su visita a la Habana. El que se haga además dentro de una sección de análisis, es completamente desalentador.

Si a continuación se le exige un discreto segundo plano del que no debe de salir, ¿Por qué esta exigencia es individual y no colectiva como debería ser para todos los ex presidentes?. No creo en la teoría de los jarrones chinos, pues su experiencia es demasiado valiosa como para dilapidarla por razones de coyuntura. Este país desecha mucho valor añadido  político con demasiada frecuencia.

Insisto, por encima de la libre apreciación que tengamos sobre las actuaciones públicas de nuestros representantes políticos y mas de un ex Presidente, opinar sobre ellas nos  debe de exigir tanto como exigimos nosotros de las mismas.

Si no lo hacemos así se impondrá una especie de tertulianización continua de la política sin que prevalezcan análisis sosegados y rigurosos. Y todavía peor, se pondrá en tela de juicio la imparcialidad debida de todos los medios de comunicación.

Fernando Moraleda
Ex Secretario de Estado de Comunicación