viernes, 7 de agosto de 2015
Presupuestos 2016: electoralistas, irreales, irresponsables, ineficientes y, sobre todo, injustos.
Posted on 14:22 by Monica Carazo
El anterior gobierno adelantó las elecciones para que el gobierno surgido de las urnas
pudiera elaborar su propio presupuesto, en un ejercicio de respeto al funcionamiento
democratico y pensando en el bien de España.
Por el contrario, este gobierno ha elaborado deprisa y corriendo unos presupuestos, con
fines partidistas y electoralistas, e hipotecando al gobierno que surja de la voluntad
popular. Se trata, por tanto, de un ejercicio poco respetuoso con los procedimientos
democráticos y con el interés general.
Se trata de unos presupuestos que pretenden ‘comprar voluntades’ y ‘votos’ de cara a las
próximas elecciones generales, con guiños oportunistas a colectivos maltratados por este
gobierno, como son los funcionarios y los pensionistas.
La mejor muestra de que son unos presupuestos electoralistas es que no toman en
consideración el modelo económico que se quiere para el país. Son unos presupuestos
que carecen del menor criterio de política económica. No contribuyen a cambiar el modelo
productivo. Por el contrario, plantean una política fiscal procíclica, que amplifica los
efectos del ciclo y que perjudica a los más desfavorecidos. Cabe recordar que el Gobierno
subió los impuestos y redujo el gasto social en la parte baja del ciclo y ahora, cuando la
economía está en fase de crecimiento, baja los impuestos fundamentalmente a las
rentas más altas.
Ya los presupuestos del 2015 se habían evidenciado como fantasiosos: los ingresos por
cotizaciones sociales se preveía que crecieran al 8% y lo están haciendo al 1,3% en lo
que va de año; una fantasía que se amplía en 2016, pues prevén un crecimiento del 7%,
adicional sobre ese 8% de 2015. Esto supone que en 2016 solo se recaudará el 90% de
lo presupuestado como cotizaciones a la Seguridad Social, lo que implicará un desfase
adicional no previsto de 12.000 millones de euros, que se tendrá que cubrir con el Fondo
de Reserva de la Seguridad Social. Cabe recordar que Rajoy ha gastado 30.000 millones
del fondo de reserva, más del 40% del fondo dejado por Zapatero como herencia.
Con esta fantasía de ingresos, el PP en realidad está ocultando los recortes adicionales
de gasto que tiene planificados. Porque es importante señalar que el PP no ha explicado
a la opinión pública los ajustes concretos que, tanto el Programa de Estabilidad para el
periodo 2015-2018 como el Presupuesto para 2016, contienen. Por ejemplo, en materia
de personal. De hecho, plantean una reducción del consumo público del 2,2% del PIB
para el periodo 2014-2018, que solo es posible con fuertes recortes en los principales
servicios públicos. Cabe señalar que desde 1995 hasta 2013, el consumo público solo se
redujo entre 2011 y 2014 y, para ello, como todos los ciudadanos conocen, porque lo
sufrieron, fueron necesarios importantes recortes en Sanidad, Educación, Protección
Social, etc.
Los presupuestos de 2016 prevén subidas de ingresos y reducción de gastos, sobre todo
de la cobertura del paro, pero no fundamentalmente porque haya más gente con empleo,
sino porque los parados no tendrán derecho a más prestación. En concreto, para 2016
dicho gasto ascenderá a 19.500 millones de euros, presuntamente, según el presupuesto,
"porque hay menos parados". Sin embargo, la verdadera razón es otra. Porque, con
aproximadamente los mismos parados, en 2011 se destinaban al desempleo 30.500
millones de euros. Lo que sucede realmente es que sigue cayendo la cobertura por
desempleo, que ya en 2015 se sitúa solo ligeramente por encima del 50%, su mínimo
histórico. Es decir, uno de cada dos parados ya no tiene prestación por desempleo, y el
Gobierno anuncia que se van a seguir reduciendo dicha cobertura en 2016.
Una política fiscal irresponsable. Con un déficit público cercano al 6% y una deuda pública
en torno al 100% del PIB, es una irresponsabilidad terminar la legislatura adelantando
parte de la reforma del IRPF (que debía entrar en vigor en 2016) y que supone un regalo
de 1.500 millones de euros, fundamentalmente, a las rentas más altas, poniendo en
riesgo con ello la financiación de las políticas de cohesión social.
La deuda pública sigue disparándose por encima del 98% de nuestro PIB. Aunque el PP
presume de haber corregido el déficit público y de haber estabilizado nuestra cuentas, la
realidad es otra. España es el segundo país desarrollado con un mayor nivel de déficit
público a cierre de 2014 (del 5,8% del PIB frente al promedio del 2% del PIB de los 34
países de la OCDE). De continuar con la tendencia actual, el próximo Gobierno heredará
una deuda pública de 1,1 billones de euros, lo que supone 350.000 millones de euros más
que a principio de legislatura. Si al cierre de 2011 la deuda por habitante era de 15.756
euros, terminaremos 2015 con una deuda per cápita de 23.519 euros, lo que supone un
50% más en tan solo cuatro años. Y no les parece poco, puesto que para 2016 prevén un
incremento neto de deuda, sólo en el Estado, de 50.000 millones de euros.
En cuanto al déficit previsto, todos los analistas auguran que no se cumplirán las
previsiones de 2016 por las CCAA y la Seguridad Social. En este punto hay que destacar
los continuos Incumplimientos de los objetivos de estabilidad. Desde 2011 todos los años
se ha incumplido el objetivo de estabilidad presupuestaria por la mayor parte de las
administraciones (a pesar de las prórrogas concedidas por parte de la Comisión Europea).
De hecho, el comportamiento reciente de la Administración central no resulta ser
ejemplarizante, pues esta administración incumplió incluso la regla de gasto en 2014.
En cuanto al modelo productivo, continúa el recorte en el gasto de infraestructuras
reduciéndose más de un 2% respecto a 2015. Cabe mencionar que la reducción del gasto
público desde 2011 hasta 2014 se ha apoyado, principalmente, en la caída de la inversión
pública, lo que está deteriorando notablemente nuestro stock público de capital y, por
tanto, nuestro crecimiento potencial. No se trata de hacer nuevas infraestructuras
faraónicas, sino un plan de mantenimiento de las ya existentes, algunas de las cuales
sufren un deterioro notable, perjudicando la productividad. La inversion en mantenimiento,
además, es muy intensiva en empleo y sirve de apoyo a pequeñas y medianas empresas.
Por el contrario, con estos presupuestos, el gobierno del PP no sólo no prevé la
recuperación del terreno perdido durante la actual legislatura sino que reduce si cabe aún
más la inversión en infraestructuras, lo que demuestra la ausencia de compromiso con el
cambio de modelo productivo.
Pero la mejor muestra de que el presupuesto de 2016 ignora el modelo productivo es el
exiguo crecimiento del 2% de la I+D+i civil. Con este ritmo necesitaríamos más de 50
años en recuperar todo el terreno perdido en esta legislatura. Tampoco se apoya a la
industria (el capítulo de industria y energía se reduce un 9,5%) ni la modernización de la
oferta turística (el presupuesto en turismo aumenta un ridículo 1,9%) lo que demuestra
claramente que el único modelo productivo en el que se sabe desenvolver el PP es el
ladrillo.
Finalmente, son unos presupuestos injustos porque la desigualdad sigue aumentado en
España por las políticas del PP. Después de haber subido los impuestos en más de 20 mil
millones de euros a las clases medias, el Gobierno ha aprobado una reforma fiscal con un
coste para las arcas públicas de 6 mil millones de euros. Cerca del 50% de esta bajada de
impuestos (2.600 millones de euros) va destinada al 10% que más gana. Por otra parte, el
1% de contribuyentes con mayor renta (aproximadamente 200.000 personas) se beneficia
más de esta reforma que el 50% de contribuyentes que menos ganan, y que representan
a un colectivo de 10 millones de personas. Por tanto, esta política fiscal aumenta la
desigualdad en nuestra sociedad. En contraposición, la propuesta del PSOE del ingreso
mínimo vital, tiene entre sus prioridades el 10% con menos renta, que son los ciudadanos
que precisamente peor lo están pasando.
Aunque las pensiones mejoren un 0,25%, lo mínimo establecido por ley, la inflación
prevista para el próximo año del 1,3% dejará sin efecto esta subida en términos reales.
Continua la caída del gasto social. El peso del gasto social en el conjunto del presupuesto
consolidado fue del 58% en 2011, se reduce al 54% en 2015 y se sitúa en el 53, 5% en
2016. Esta caida en el peso respecto a 2011 supone casi 10.000 millones de euros.
En conclusión, se trata de unos Presupuestos electoralistas, irrealistas, irresponsables,
ineficientes e injustos. Y que ignoran que la madurez política de los españoles y su grado
de conocimiento de la realidad económica están muy por encima de lo que el PP pretende
con estos cambalaches electoralistas.
Miguel Sebatián
Carlos Ocaña
Manuel Diaz
lunes, 27 de abril de 2015
Zapatero: se reabre la veda
Posted on 2:45 by El Espejo
Han bastado unas declaraciones del Expresidente José Luis Rodríguez Zapatero sobre los asuntos internos del PSOE y un par de viajes al extranjero para que se reabra la veda. Es pieza de caza mayor y los tiradores se disputan el trofeo.
La
caza de Zapatero empezó en 2004. Al principio, se creyeron que era una presa
fácil, como un bambi, y que en poco tiempo acabarían con él. Pero resultó más
huidizo y astuto de lo que ellos se imaginaban: no pudieron dar cumplida cuenta
de la cacería hasta 2011. Muchos pensamos que después de 2011 se había
extinguido la especie Zapatero, sobre todo durante la secretaría general de
Alfredo Pérez Rubalcaba, quien hizo cuanto estuvo en su mano para borrar la
huella de su predecesor, pero resulta que Zapatero seguía vivo. Ahora que ha
asomado la cabeza, los cazadores, tan nerviosos como entonces, quieren
volver a abatirlo.
Se
ha organizado una buena montería. Los perros sabuesos de la derecha lo
persiguen, mientras los señoritos de El País,
situados en los mejores puestos, esperan cómodamente que se ponga a tiro.
No
sólo se han lanzado insinuaciones acerca de una presunta actividad lobista
sobre la que nadie ha sido capaz de aportar un solo dato hasta el momento, sino
que se han desempolvado los más gastados tópicos y se ha vuelto a hacer mofa de
las hijas del ex presidente (qué cachondos somos en España). Felix de Azúa
merece mención de honor: hace poco escribió un artículo en el que asumía como
propia una de las consignas que con mayor entusiasmo utilizó la derecha rancia,
la de que Zapatero ha sido el peor gobernante español desde Fernando VII. A los
pocos días El País publicaba
una carta al director de un lector irritado que corregía al frívolo Azúa,
apuntando que Zapatero había sido aún peor que Fernando VII.
Puede
que no esté de más recordar algunos datos básicos a la luz de esta nueva
avalancha de juicios sumarios sobre el expresidente y su gestión. No creo que
mi opinión vaya a tener eco alguno, pero me siento obligado a intentarlo.
Pasados
cuatro años de la derrota electoral del PSOE, no se ha descubierto ningún
episodio de corrupción o abuso de poder en los Gobiernos de Zapatero. No creo
que pueda decirse lo mismo de los Gobiernos de Felipe González, José María
Aznar o Mariano Rajoy.
Zapatero
ha sido el presidente más escrupuloso en el respeto de los procedimientos
democráticos. Cumplió siempre las reglas y garantizó la independencia de los
medios públicos de comunicación (a diferencia de Felipe González, José María
Aznar y Mariano Rajoy).
Zapatero
acabó con ETA sin hacer concesiones. Gracias al proceso de paz que impulsó,
dejó claro en el País Vasco que el principal obstáculo para la paz era ETA y no
el Estado, generando así los incentivos para que Batasuna rompiera con la
organización terrorista y presionara a favor del fin de la violencia.
Zapatero
sacó las tropas de Irak, corrigiendo el mayor error de la política exterior
española en el periodo democrático. Además, incrementó la ayuda a la
cooperación como nunca se había hecho antes en nuestro país.
Zapatero
puso en práctica una reforma ambiciosa de los derechos civiles y sociales. Hizo
posible el matrimonio homosexual, aprobó una Ley de igualdad, estableció el
cuarto pilar del Estado del bienestar (la Ley de dependencia), preparó una Ley
de plazos del aborto y reformó el divorcio. También regularizó a los
inmigrantes que estaban sin papeles. Y, si bien muchos lo consideran una
cuestión menor, el Gobierno socialista acabó con el humo del tabaco en los
centros de trabajo y en los locales públicos.
Zapatero,
gracias en buena medida a la presión de sus socios parlamentarios de izquierda
(IU y ERC), se atrevió a legislar, por primera vez en la historia de la
democracia española, sobre la memoria histórica, intentando corregir el
desequilibrio entre las víctimas de los bandos de la Guerra Civil, así como
garantizar un mínimo reconocimiento a las víctimas de la represión franquista.
Por
supuesto, no todo fue positivo en la tarea de Gobierno. A Zapatero se le pueden
reprochar también muchas omisiones. Pondré tres ejemplos entre otros muchos
posibles: no aprobó una Ley de transparencia que ya estaba preparada y que se
quedó en un cajón; suprimió demasiado tarde la desgravación fiscal de las
hipotecas, que tanto contribuyó a la burbuja inmobiliaria; y no aprobó nunca,
ni siquiera tras el hundimiento de los ingresos por el impuesto de sociedades,
una reforma fiscal ambiciosa. Su gestión de la crisis fue muy controvertida y
yo mismo he escrito páginas muy críticas con la misma. Y, quizá, su mayor
irresponsabilidad fuera dejar el partido en manos de Rubalcaba, un excelente
ministro y número dos que, sin embargo, como número uno no supo impulsar la
renovación que el PSOE necesitaba, según quedó reflejado en las peores
valoraciones públicas que ha tenido nunca el líder de la oposición en España y
en los peores resultados electorales del partido socialista desde la muerte de
Franco.
De
todo esto deberíamos debatir, aunque no se hace. Ni siquiera en el PSOE ha
habido un debate abierto y franco sobre el legado de Zapatero. Lo que resulta
ridículo, a la vista de su trayectoria, es ese desdén indisimulado con el que
periodistas y analistas escriben sobre su figura, especialmente cuando
recordamos que es el presidente más limpio que ha tenido la democracia
española. Su liderazgo nunca encajó bien en nuestra cultura política, tan
masculina, que espera del gobernante una exhibición de poder y prepotencia, con
opiniones rotundas y siempre dispuesto a pasar por encima de lo que sea para
conseguir sus objetivos.
Ignacio Sánchez Cuenca
Ignacio Sánchez Cuenca
Categories: comunicación
miércoles, 22 de abril de 2015
En defensa de la objetividad
Posted on 12:27 by El Espejo
Desde que comencé mi trabajo como Secretario de Estado de Comunicación me he preguntado siempre por la controvertida y complicada relación entre política y prensa, o mas particularmente entre gobierno y medios de comunicación.
Estoy convencido que aunque el poder
político tiene la legitimidad democrática del pueblo, jamás debe contraponerse esta
con la libertad de expresión, pues es esta última la que proporciona la
garantía de una mayor calidad
democrática y la consecución de sociedades mas avanzadas en cohesión social.
Pero no me trae a estas páginas este
apasionante debate, que comenzó con las
libertades y con ellas la de prensa, y del que existen multitud de testimonios
mas autorizados que el mío. De modo que
en este delicado pero apasionante asunto, estoy y estaré mas dispuesto a
aprender que a enseñar.
No. No es esto lo que me ha animado a
escribir esta líneas sino la preocupación que me aborda cuando veo algunas
deformidades que se han asentado en nuestro país por actitudes periodísticas que no han sabido
autoexigirse el mismo nivel de exigencia que requieren.
Déjenme, antes de ir a ello, contextualizar
mis reflexiones con mis primeros días en Moncloa y de la unánime opinión que se me transmitía entonces:
la responsabilidad en comunicación era
la que mas quemaba a un político. Ojo!, unanimidad inédita entre políticos y
periodistas. Y es verdad; pero sólo a medias.
La mitad de verdad tiene que ver con la
gestión de la información durante las 24
horas del día de los siete días de la semana, con poco tiempo para pensar y
teniendo la demanda permanente de responder en cada momento a cada cuestión.
Sólo con el rozamiento que provoca esta
acelerada actividad es suficiente para terminar
afectando a tu energía disponible. Digamos que esta sería la “verdad física” de la gestión de una Secretaría de Estado de
Comunicación. Es transversal a partidos y momentos históricos. Recuérdenlo
cuando escuchen con ocasión de una
crisis de gobierno, que este siempre la
achaca invariablemente a un problema de comunicación. Nada despierta mas
unanimidad, salvo la del secretario de Estado.
La otra verdad, la política, tiene que
ver con las convicciones y el ideario político que intentas desarrollar, y
ambos no pueden valorarse desde una perspectiva personal sino colectiva. Y la
gestión del Presidente Zapatero en materia de medios de comunicación públicos fue
modélica en nuestro país.
Una TVE desgubernamentalizada llevó sus
informativos al liderazgo de audiencia de todas las televisiones. La supresión
de la publicidad institucional, que venía siendo utilizada en el pasado como
aparato de agitación y propaganda progubernamental, dio a los ciudadanos la
libertad de pensar sin ensuciar su raciocinio. Pioneras fueron también las
conferencias de prensa “rio” donde el Presidente contestaba a todas las
preguntas que se le formulaban o el programa “Tengo una pregunta para usted”
que Zapatero inauguró contestando a las preguntas de los ciudadanos.
La profesión periodística, tampoco dada a
halagar acciones de gobierno, hoy es, salvo la caverna, unánime en el
reconocimiento de aquella labor.
Y
esta realidad, que pertenece a Zapatero
y sus equipos, es la que en estos momentos estamos perdiendo a chorros.
Aseveración que vuelve a demostrar que los derechos ciudadanos, en este caso a
una información veraz e independiente, no son inmutables y que su permanencia
exige renovados compromisos políticos.
La primera legislatura, denominada por varios
autores como la legislatura de los derechos civiles, ha sido literalmente
sepultada de la información publicada desde que
nuestro país se adentro en la crisis económica mundial.
La lógica preocupación social de los
efectos de la crisis económica y sus devastadoras consecuencias sociales,
dominaban toda la información periodística. Pero para entonces ya se había fabricado
un chivo expiatorio. Zapatero era el responsable de todo y a ello contribuyó
una de las campañas mas incisivas y descalificadoras en democracia contra un
Presidente del Gobierno junto al equivocado silencio propio que veía a Zapatero
como un lastre electoral.
Hoy, ya pasados tres años de aquellas
elecciones que dieron la mayoría absoluta al PP, me resulta digno de análisis
psicológico la permanencia de esta lógica en algunos medios y en el propio PP.
El reciente debate del Estado de la
Nación ha demostrado quien ha demolido la herencia recibida y quien puede
recuperarla. La controversia sobre el rescate bancario a España puso en
evidencia quien necesita mentir para mantener su posición contra Zapatero y
quien, con simples fotocopias de periódicos, desenmascara al verdadero
responsable de las visitas de la troika a España. Mas debería hacerse en este
sentido, pues el patrimonio de los dos Presidentes socialistas, González y
Zapatero, no les pertenece solo a ellos sino al conjunto de socialistas
españoles.
Pero me resulta mas penosa la permanente
descalificación editorial del que todavía es un periódico de referencia para
muchos militantes socialistas, cómo es El País. Y lo expreso con el anhelo de
que esta situación se modifique y de que no me enfrento a un imposible.
Reconozco que hablar de un medio de
comunicación es una tarea delicada pero he decidido hacerlo en el mismo
periódico pues no hubiera sido elegante hacerlo en la competencia, aunque sí
mas fácil.
Me refiero al reciente conflicto con el
Gobierno ocasionado por la visita del Presidente Zapatero y Miguel Angel
Moratinos a Cuba.
Las declaraciones del Ministro de
Exteriores Sr. Margallo me parecen totalmente fuera de lugar. Doy por
comprobados los hechos que demuestran que el Gobierno estaba cumplidamente
informado de esa visita y que la ausencia de notificación de la agenda se debe
mas al Gobierno cubano, como bien saben todas las cancillerías europeas con
relaciones con ese gobierno, que a un presunto intento de ocultar información.
Además, el buen hacer de la diplomacia hubiera recomendado una llamada privada
del Ministro y no las declaraciones escandalosas, si se tenían esas dudas. Por ello, aunque es
razonable que no se hurgue mas en el asunto, veo mas problemas de celotipia que
políticos en la citada declaración del Sr. Margallo.
¡Ay! cuantos problemas políticos tiene todavía España derivados de
la vanidad, los celos y la envidia
nacionales.
Lo que me resulta completamente
inadmisible es la afirmación editorial de El País al calificar cómo ”vacuas y
pueriles” las palabras del Presidente Zapatero cuando afirma que “siempre he
tratado de sumar y de actuar por el interés de España”. Es que acaso no
recordamos cuando se vio obligado a defender a Aznar en la cumbre
iberoamericana del 2007 mientras Chaves arremetía contra él. ¿Puede alguien
encontrar mas diferencias políticas e incluso vitales entre Aznar y Zapatero
cómo para achacar a este último que es vacuo y pueril su interés por defender a
España?.
¿ Es que alguien recuerda
que Zapatero haya hecho en alguna ocasión algo remotamente parecido a una
crítica en el exterior al Gobierno de España? ¡No las ha hecho ni dentro de
nuestro país! ... Ni siquiera en defensa propia frente a un Gobierno que ha
construido el 80 por ciento de su relato político sobre la descalificación sin
réplica a la herencia recibida'.
Pero me produce aún mas bochorno el leer
en un suelto bajo el epígrafe “Análisis” “Lobistas en la Habana”, donde por el
uso del plural (lobistas) se le achaca al Presidente Zapatero un interés
económico personal en su visita a la Habana. El que se haga además dentro de
una sección de análisis, es completamente desalentador.
Si a continuación se le exige un discreto
segundo plano del que no debe de salir, ¿Por qué esta exigencia es individual y
no colectiva como debería ser para todos los ex presidentes?. No creo en la
teoría de los jarrones chinos, pues su experiencia es demasiado valiosa como
para dilapidarla por razones de coyuntura. Este país desecha mucho valor
añadido político con demasiada
frecuencia.
Insisto, por encima de la libre
apreciación que tengamos sobre las actuaciones públicas de nuestros
representantes políticos y mas de un ex Presidente, opinar sobre ellas nos debe de exigir tanto como exigimos nosotros de
las mismas.
Si no lo hacemos así se impondrá una
especie de tertulianización continua de la política sin que prevalezcan análisis
sosegados y rigurosos. Y todavía peor, se pondrá en tela de juicio la
imparcialidad debida de todos los medios de comunicación.
Fernando Moraleda
Ex Secretario de Estado de Comunicación
Categories: comunicación
martes, 14 de abril de 2015
Recuperación y Propaganda
Posted on 12:25 by El Espejo
Desde 1980 hasta 2014 la economía española creció
en promedio un 2,2% anual en términos reales. Parece haber un consenso
generalizado en que nuestra economía crecerá en torno al 2,5% este año 2015. La
Comisión Europea apunta al 2,3% y el Gobierno revisará al alza el próximo mes
de abril su ya obsoleta previsión del 2%. Es decir, en 2015 nuestra economía va
a tener, por primera vez en 8 años, un crecimiento superior al “tendencial” (en
2007 el PIB real creció un 3,8% y en 2008 apenas un 1,1%). Si a eso le sumamos que
la economía lleva 6 trimestres consecutivos con crecimiento positivo, es
difícil no concluir que la economía española, en efecto, “está en una fase de
recuperación”. Entonces, ¿por qué la población en general no lo percibe así? Si
acudimos al último barómetro del CIS, el 77% de los consultados cree que la situación
económica general es “mala o muy mala” y el 84% opina que la situación
económica actual del país es “igual o peor” que hace un año. ¿Cómo es posible
que esos buenos datos macroeconómicos no sean percibidos por la inmensa mayoría
de la población? Hay dos posibles explicaciones. Una de ellas es que la
recuperación sólo afecta a una minoría de ciudadanos. Este argumento no parece
muy plausible porque los agregados macroeconómicos son precisamente eso:
agregados. Y, por construcción, recogen el comportamiento de los agentes
económicos en su conjunto (consumo, renta, empleo, inversión, etc.). ¿Cómo
puede el Consumo privado agregado crecer sin que crezcan las compras de bienes
y servicios de una buena parte de las familias españolas? Así pues, la
explicación a la paradoja anterior hay que buscarla en otro lado. Creo que se
explica porque a la población en general no le preocupan las “tasas de
crecimiento” de las variables macroeconómicas sino los “niveles” de dichas
variables: Y que solamente notarán la “mejoría” cuando esos agregados
macroeconómicos recuperen un cierto nivel. Si el lector se fija en las primeras
líneas de este artículo, notará que sólo se habla de tasas de crecimiento. Ni
un solo nivel. Y esa es la tónica de prácticamente toda la información
económica que se maneja en los medios, en las tertulias y por parte de casi todos
los analistas y economistas. Las tasas de crecimiento están bien para anticipar
movimientos o cambios de tendencia. Pero, la gente no vive de las tasas de
crecimiento, sino de los niveles. Y cuando hablamos de la economía en términos
de niveles, el panorama no es tan halagüeño como el de la economía en términos
de tasas de variación.
Pongamos, por ejemplo, el caso de la variable
económica por excelencia: el Producto Interior Bruto (PIB) expresado en
términos reales o a precios constantes, que es una aproximación de la Renta
Nacional de un país. Tomando como base un índice con base 100 en 2010, dicho
PIB real alcanzó un máximo en el segundo trimestre de 2008 con un valor de
104,4. A partir de entonces, cayó durante 6 trimestres consecutivos, creció
durante todo el año 2010 (los famosos “brotes verdes”), volvió a caer a partir
de 2011, y desde mediados de 2013 se vuelve a recuperar. En el último trimestre
de 2014, y pese a los 6 trimestres consecutivos de recuperación, el PIB real ha
alcanzado un nivel de 98,3. Es decir, un nivel de renta un 5,8% más bajo que el
que había antes de que estallara la crisis. Esto implica que, incluso
recuperando la tasa de crecimiento tendencial, tardaremos casi 3 años más en
recuperar el nivel de renta real previo a la crisis, algo que sí “notaría” la
gran mayoría de la población. Mas aún, suponiendo que la economía hubiera
crecido a ese ritmo tendencial desde 2006, hoy estaríamos casi un 17% por
debajo de la renta que nos correspondería de acuerdo con ese ritmo potencial o
de largo plazo.
Cuando miramos los niveles y no las tasas de
crecimiento el panorama económico es, por tanto, bien diferente. Entonces, si a
la gente le preocupa los niveles y no las tasas, ¿por qué el Gobierno insiste
en hablar sólo de las tasas, aun a costa de un grado de irritación notable de
buena parte de la población? La respuesta aquí es más sencilla. Los resultados
económicos de los 3 años de Gobierno de Rajoy no son nada favorables si se
miden en niveles. Tomando como ejemplo una vez más el índice de PIB real, éste
se encontraba en el cuarto trimestre de 2014 en 98,3. Y en el cuarto trimestre
de 2011, cuando Zapatero dejó el Gobierno, se encontraba en 98,8. Es decir,
tres años completos después, el Gobierno de Rajoy no ha logrado recuperar el nivel
de PIB real que heredó de Zapatero. Con estos datos, que son públicos y que cualquiera
puede comprobar inmediatamente en la página web
del INE, resulta muy difícil validar la idea de “nos encontramos con una
economía que era un desastre cuando llegamos y ahora le hemos dado la vuelta”.
Porque esta frase es pura propaganda. La realidad es: “aun no hemos conseguido
recuperar los niveles de Renta Nacional que heredamos hace tres años, y eso que
prometimos que sería fácil hacerlo”. Algo parecido ocurre con la Producción
Industrial, que está hoy 4 puntos por debajo del nivel de finales de 2011 (91 versus
95, en un índice base 100 en 2010).
Estamos en un año puramente electoral, con 4
convocatorias de elecciones en apenas 9 meses. Por tanto, estaremos sometidos a
una continua campaña propagandística. Recuperación económica, sí, pero con
elevadas dosis de propaganda política.
Además del PIB hay otros muchos ejemplos, tanto
micro como macroeconómicos, de la economía real y financiera, donde ya se detecta
la labor de ese equipo propagandístico. Pongamos sólo algunos de ellos,
empezando por uno de tipo microeconómico.
Las exportaciones
de automóviles.- Recientemente
hemos conocido el cierre del
ejercicio 2014, en el que las exportaciones de automóviles han alcanzado los 2
millones de unidades, con un crecimiento del 8% con respecto al año pasado. No
he encontrado ni un solo medio que no haya hecho una valoración tremendamente
positiva de este dato que, cuando se mide en tasas de crecimiento, es realmente
espectacular. Incluso algún tertuliano se ha venido arriba diciendo que eso se
debe “a la ganancia de competitividad por la reforma laboral”. El problema es
que en el cierre del año 2011, último año de Zapatero, las exportaciones de
automóviles alcanzaron los 2,1 millones de unidades, con un euro mucho más
apreciado que ahora y antes de la reforma laboral.
El paro.- Si preguntáramos por la calle
si el paro se ha reducido con el Gobierno de Rajoy, la respuesta sería
mayoritariamente afirmativa. Pero la realidad de los datos dice otra cosa.
Comparando una vez más los datos más recientes de la EPA (cuarto trimestre de
2014) con la EPA de finales de 2011 comprobamos que el número de parados es hoy
mayor que entonces en 170.000 personas (5,46 versus 5,29 millones). Si nos
ceñimos a los parados de larga duración, la situación es peor, dado que hay
710.000 parados más. Y si nos fijamos en la tasa de paro, se encuentra más de un punto por encima
(Zapatero la dejó en el 22,6% y ahora está en el 23,7%). Y la juvenil ha
empeorado incluso más (49% versus 44%). También lo ha hecho la de los mayores
de 50 años, que ha subido casi 3 puntos. Y el número de hogares con todos sus
miembros en paro, que es hoy 144.000 hogares más elevado.
El empleo.- Aquí la comparación tampoco resulta
muy favorable para el Gobierno de Rajoy. Hay 584.000 ocupados menos, se
trabajan 177 millones de horas menos y los perceptores de renta (ocupados +
parados con prestación) son un millón menos de los que había al acabar 2011.
Finalmente, la tasa de “precariedad” (temporales + contratados a tiempo
parcial) ha aumentado en 2 puntos (del 34 al 36%).
Empresas y
libertad económica.-
Desde finales de 2011 hasta 2014 el número de empresas se ha reducido en 71.000
según el DIRCE y en 36.000 según la Seguridad Social. En cuanto al Índice de
Libertad Económica de la Heritage
Foundation, en estos
tres años hemos retrocedido 13 posiciones (del puesto 36 al 49), siendo
superados por países como Perú, Jordania, Uruguay, Letonia y Botswana, entre
otros.
En resumen, nos encontramos en un año
electoral cuya propaganda nos empujará a fijarnos solo en las tasas de crecimiento
de las macromagnitudes. Pero, si quieren hacerse una idea más acertada de la
magnitud de la recuperación, no se les olvide mirar también los niveles. Y la
comparación internacional. Pueden encontrarse con muchas sorpresas.
Miguel Sebatian
Universidad Complutense de Madrid.
Publicado en Nuevo Lunes, Especial 34 Aniversario
23 de Febrero de 1981
23 de Febrero de 1981
Categories: economia
domingo, 22 de marzo de 2015
El mediterráneo, ¿mar muerto o mar común?
Posted on 1:50 by El Espejo
He seguido como cualquier ciudadano mediterráneo con horror
y espanto los últimos episodios vividos en aguas de nuestro “Mare Nostrum”.
Es indudable que todos coincidimos en que no podemos seguir
como hasta ahora, esperando que la tormenta migratoria pase y cese la llegada
de miles de muertos y desaparecidos a nuestras costas.
Aplaudo firmemente el Consejo Europeo Extraordinario
celebrado en Bruselas para tratar la cuestión migratoria. Ya era hora. El
anterior Primer Ministro italiano, Enrico Letta, lo propuso el pasado año, pero
los dirigentes europeos pospusieron erróneamente dicho encuentro. Ahora ya no
se puede retrasar más la urgente adopción de una política europea de
inmigración que aplique políticas migratorias coherentes y trate los flujos de
inmigrantes de una manera más valiente y humana.
Por eso, se ha constatado con sorpresa e insatisfacción que
el tipo de medidas y el enfoque que los líderes europeos quieren proponer, no
incluyen medidas diplomáticas y humanitarias de mayor calado para erradicar
este gravísimo desafío y solo se barajen medidas de carácter defensivo y de
orden de política interior. Todas las propuestas se concentran en ampliar las
medidas de control, reforzar las misiones de vigilancia marítima, lucha contra
las redes de traficantes, reforzar programas de retorno rápido o fortalecer la
misión de FRONTEX.
Todas ellas necesarias pero, a mi modo de ver, totalmente
insuficientes. Todavía no he podido contemplar que se aborden medidas de carácter
diplomático cuando precisamente es la diplomacia la que puede mitigar y cambiar
esta dramática situación.
Esta llamada a la diplomacia no es algo nuevo, ya se realizó
en tiempo del anterior gobierno del Presidente Rodríguez Zapatero. En aquel
entonces nuestro país vivió, entre los años 2006 y 2008, situaciones muy
similares a las que ahora está viviendo Italia. En ese periodo, además de las
medidas de control y vigilancia de fronteras y del espacio marítimo, el
gobierno español adoptó un plan de acción diplomática dirigida hacia los países
de origen y de tránsito de donde provenían todos estos inmigrantes ilegales.
Estas travesías no son voluntarias, las causas que empujan a
miles de personas a emprender ese arriesgado viaje son la inestabilidad y
violencia en sus países que deriva en guerras, violaciones de los derechos
humanos y la incapacidad de llevar una vida digna. Y sólo si entendemos las
razones profundas del problema, podremos entender el origen de este reto y
adoptar medidas con la eficacia necesaria.
Es cierto que la crisis estalla en nuestras fronteras pero
la raíz del problema se encuentra en la profundidad del África Subsahariana y
de Oriente Próximo, donde la labor diplomática de la UE debería concentrarse en
esa doble dirección: por una parte estabilizar esa zona vital para Europa que
es Oriente Próximo, con firmes iniciativas de paz, y, por otra, diseñar un gran
plan de cooperación al desarrollo para el continente africano. Tanto España y
Marruecos, como España y Senegal, demostramos que podíamos actuar de manera
corresponsable y así convocamos la primera Conferencia Euroafricana de
Migración y Desarrollo en Rabat, en julio de 2006, en la que además de aprobar
medidas de control de fronteras se exploraron toda una serie de propuestas de
carácter de desarrollo y cooperación. Desgraciadamente muchas de las
iniciativas aprobadas en la capital marroquí, no tuvieron el seguimiento
adecuado. Hoy sería recomendable volver a convocar una conferencia similar.
Actualmente, se otorga toda la responsabilidad y gestión de
la crisis a los ministros de interior, éstos no podrán abordar solos los
múltiples retos, necesitan que sus colegas de exteriores se movilicen, pero no
solo con reuniones formales en las capitales europeas, sino desplazándose y
confrontándose con los verdaderos interlocutores para identificar los problemas
y proponer soluciones a corto y medio plazo.
Para ello no se podrá obviar la necesidad de incrementar y
renovar un esfuerzo de solidaridad aumentando la ayuda oficial al desarrollo.
Esta crisis también revela el impacto negativo que ha tenido la reducción de la
ayuda oficial al desarrollo, AOD, en las políticas de cooperación. Parecía que
recortar los presupuestos de cooperación no tendría ninguna consecuencia y la
mayoría de los países de la OCDE practicaron irresponsablemente reducciones
drásticas de las contribuciones de su PIB dedicadas a cooperación. Así no se
llegó al 0,7% deseado, sino que se pasó de un 0,5% a un 0,1% vergonzante.
Hoy las consecuencias las tenemos ahí. Aumentamos de nuevo
el gasto en los presupuestos de interior y defensa y sin embargo seguimos
reduciendo nuestra solidaridad con los más pobres. Éstos seguirán llegando a
nuestras costas, seguirán saltando vallas o muriendo en el cementerio del
Mediterráneo, mientras nosotros continuaremos elevando nuestros muros,
ampliando nuestras flotas de vigilancia, reforzando la Europa-fortaleza y el
problema, lejos de disminuir, se agravará cada vez más.
Estamos todavía a tiempo. Somos los
europeos los que podemos decidir nuestro futuro, es decir, convertir nuestro
mediterráneo en un mar muerto, en un cementerio, o por el contrario en un mar
común de esperanza y convivencia.
Miguel Ángel Moratinos
Categories: internacional
miércoles, 11 de febrero de 2015
¿Se está poniendo en riesgo la lucha de las pensiones?
Posted on 12:26 by El Espejo
El equilibrio de un sistema de
pensiones de reparto, un sistema que se caracteriza porque los empresarios y
trabajadores a través de sus cotizaciones financian en cada momento del tiempo
las pensiones de los jubilados, depende en el corto plazo del empleo existente
y de los salarios.
Por supuesto, empleo y salarios
son los que determinan el volumen de ingresos del sistema. El volumen de gasto
tiene que ver con la evolución del número de jubilados y con las
características de las prestaciones de jubilación. Si el número de jubilados
crece o lo hace la generosidad de las pensiones, el sistema debe encontrar
nuevos equilibrios a través de la modificación de los ingresos por cotizaciones
sociales. Ello se consigue a través del crecimiento de empleo o de la
productividad (que al fin y al cabo termina por elevar los salarios, aunque con
el tiempo también hará crecer la cuantía de la pensión media) y, en su defecto,
mediante la modificación del tipo de cotización.
A lo largo del último medio siglo
la evolución del sistema español de pensiones ha sido un magnífico ejemplo de
capacidad de adaptación a las necesidades exigidas por la evolución económica y
demográfica. Durante más de tres décadas las cotizaciones sociales excedieron
largamente los gastos del sistema de pensiones e incluso fue posible financiar
con ellas la expansión del sistema sanitario público durante las décadas de los
sesentas y setenta y los primeros años ochenta del pasado siglo. Conforme
maduraba su configuración, algo más tardía que la de los sistemas de pensiones
públicos en buena parte de Europa, los gastos del sistema español de pensiones
iban creciendo paulatinamente y la financiación del sistema sanitario hubo de
ser absorbida por el Estado a través de los tributos, algo por lo demás
inherente a un sistema que, a partir de 1986 con la aprobación de la Ley
General de Sanidad, dejaba de ser exclusivo de los que contribuían a través de
cotizaciones, para convertirse en un modelo público de acceso universal para el
conjunto de los ciudadanos.
Mediante sucesivas reformas,
salvo la llevada a cabo en 1985 todas ellas con un amplio respaldo social y
económico a través del dialogo con las organizaciones sindicales y
empresariales, el sistema español ha mostrado una extraordinaria capacidad de
adaptación al conjunto de cambios que están alterando de forma crucial la
configuración de las sociedades avanzadas. Es cierto que, más allá de las
catastrofistas previsiones de aquellos que deseaban, y todavía persiguen, su
desaparición, las pensiones públicas están mostrando una gran capacidad de
respuesta incluso en tiempos de crisis. En el caso español no está de más
recordar que en lugar de registrar una preocupante cercanía a la quiebra
financiera –como pronosticaban buena parte de las previsiones realizadas
durante los primeros años 90 del pasado siglo-, la Seguridad Social ha logrado
transitar con éxito a lo largo de las últimas décadas y acumular hasta el año
2011 casi 70.000 millones en su Fondo de Reserva.
Entonces, y todavía ahora, muchos
pronosticaron que solo los sistemas privados resistirían. Hoy sabemos que muy
pocos han logrado presentar rendimientos positivos durante el transcurso de los
veinte últimos años: las pérdidas durante las crisis han sido de tal magnitud
que han llegado a anular las ganancias obtenidas durante los años de auge (ello
sin tener en cuenta los gastos y comisiones cargados sobre los asegurados, que
superan muy ampliamente aquellos en que incurren las administraciones de la
Seguridad Social, o los importantes apoyos fiscales soportados de forma casi
siempre regresiva por el conjunto de los contribuyentes). Puede que, como
tantas otras, esta lección termine siendo olvidada, pero ya hemos aprendido que
los modelos privados no son, ni mucho menos, una alternativa superior a los
modelos de pensiones de carácter contributivo y universal.
Sin embargo, la intensidad de los
ajustes llevados a cabo a lo largo de 2012 y 2013 y la levedad de la recuperación
en cuanto a cantidad –y de manera esencial también en términos de calidad-del
nuevo empleo creado en 2014, están amenazando el futuro a medio plazo de
nuestro sistema de pensiones. En los tres últimos años, desde 2012 a 2014, el
déficit del sistema de pensiones ha superado los 35.000 millones de euros,
teniendo que apelar en una cantidad similar al Fondo de Reserva. Cuando se
liquide el año 2014, la cuantía de las reservas del sistema rondarán los 40.000
millones (tengamos en cuenta que el Fondo también produce rendimientos
procedentes de la inversión de sus depósitos en deuda pública).
Por supuesto, pese al
triunfalista discurso del Gobierno a lo largo del último año, lo que está
detrás de este deterioro intenso en el nivel del Fondo de Reserva –que ha
perdido alrededor del 40% de su volumen en solo tres años- es, en primer lugar,
la pérdida en estos años de más 450.000 afiliados a la Seguridad Social. Si a
ello se le añade, por un lado, la caída en las bases de cotización como
consecuencia de la devaluación salarial llevada a cabo y, por otro, el
deterioro en la cotización media derivada de la sustitución de empleo entre los
que salen tras su jubilación y los que lo encuentran, de forma abrumadoramente
alta a tiempo parcial y con salarios inferiores a los de los que se jubilan, el
resultado es contundente: los ingresos por cotizaciones han caído a lo largo
del último trienio en casi 5.000 millones anuales (mientras que el gasto anual
ha crecido en una cuantía similar o superior). Incluso en el año 2.014 en que
la afiliación ha crecido casi en el 3%, los ingresos por cotizaciones apenas
han superado el 1% (la diferencia tiene que ver con la reducción de las bases
de cotización, el salario medio, entre los nuevos afiliados). Los defensores de
la austeridad harían bien en contemplar este preocupante futuro que se cierne
para una de las principales prestaciones del estado de bienestar.
Lo cierto es que, a este ritmo, el
Fondo de Reserva se consumirá en apenas cinco o seis años. Y, sin embargo, lo
preocupante no es su agotamiento en sí. Al fin y al cabo el Fondo se creó
precisamente para poder afrontar situaciones de desaceleración del crecimiento
económico, o incluso de verdadero estancamiento, sin tener que recurrir a
elevaciones en las cotizaciones sociales que tendrían que producirse en el peor
momento posible, cuando la economía no crece y el empleo no debe encarecerse.
Lo que resulta preocupante es que todavía, no se haya impulsado un debate en
profundidad sobre cómo articular un nuevo modelo de financiación a medio y
largo plazo para nuestro sistema de pensiones (algo que ya se preveía en el
Acuerdo Social y Económico de 2011).
Los ingresos del sistema, con los
tipos de cotización actuales, no es previsible que superen el 10% del PIB. Pero
los gastos rebasarán el 13% dentro de dos décadas. La tarea es abordar esa
estrategia desde el diálogo y el acuerdo social. Una estrategia que no puede
pasar por rebajar cotizaciones sino por complementar las contribuciones con
nuevos ingresos procedentes del sistema tributario (en mi opinión a través de
la imposición directa). Lo que sería un error imperdonable, es ponerse a
esperar a que el tamaño del Fondo se reduzca hasta su desaparición y que la
reforma tenga que pasar por un ajuste en la cuantía de las pensiones, las
nuevas y las actuales. Gastar dentro de 30 años el 13 o el 14% de nuestro PIB
en pensiones no es una tarea inabordable. Eso es lo que hoy ya gastan países
como Italia, Francia o Alemania. Claro que el esfuerzo tiene que ser mayor que
el que hoy realizamos porque será mayor la población a la que hay que atender
durante su jubilación. Lo que necesitamos es financiar ese mayor esfuerzo con
impuestos, no pretender abordar una rebaja en las cotizaciones sociales cuando
ni siquiera pueden soportar el nivel de gasto actual.
Valeriano Gómez
Categories: laboral
martes, 13 de enero de 2015
En defensa del 135
Posted on 3:12 by El Espejo
Tal y
como narra el propio José Luis Rodríguez Zapatero en su libro “El Dilema”, a finales de agosto de 2011,
en medio de un debate parlamentario de convalidación de uno de los múltiples
reales decreto-leyes aprobados ese año, el Presidente del Gobierno sorprendió a
la Cámara proponiendo incorporar a la Constitución la conocida como “regla de
oro fiscal” para garantizar la estabilidad presupuestaria a medio y largo
plazo, en relación tanto con el déficit estructural como con la deuda pública,
y vinculando a todas las Administraciones Públicas. El 27 de Septiembre de ese
mismo año se aprobó la reforma del artículo 135 de la Constitución de 1978, la
segunda reforma de nuestra Carta Magna en sus casi 26 años de Historia.
Los firmantes
de este artículo, pese a ser militantes o simpatizantes del PSOE, no
compartimos el procedimiento de aprobación que se eligió, posiblemente
demasiado rápido, aunque entendemos que las circunstancias que vivía nuestro
país en esas fechas, sometido al vapuleo de los mercados ante la entonces
pasividad del Banco Central Europeo (BCE), no daba mucho margen para un
procedimiento más pausado y con una mayor participación ciudadana. También
echamos de menos que en ese momento no hubiera habido un debate más en profundidad
sobre lo que significaba esa reforma. La ausencia de dicho debate ha llenado
los medios y las redes de “eslóganes” políticos que no aguantan un mínimo
análisis de rigor. Pero no compartir el procedimiento no quiere decir que no
compartamos el contenido básico de esa reforma y la necesidad de mantenerla tal
cual se aprobó.
Porque,
para empezar, España no estaba haciendo nada especialmente distinto a lo que
harían el resto de los países europeos unos meses después. En marzo de 2011,
cuando empezaba a quedar claro que se estaba avecinando un enorme tsunami que
podría dar al traste con la joven unión monetaria, los países de la zona euro decidieron
aprobar el “fiscal compact”, es decir, el compromiso de unas reglas de
equilibrio presupuestario a medio y largo plazo. Entre otras cosas, muchos
países esperaban que ese pacto contribuyera a vencer la actitud intransigente
del BCE, algo que finalmente ocurrió en el verano de 2012. Por tanto, lo que en
realidad hizo España en septiembre de 2011 fue “adelantarse” al cumplimiento de
este pacto europeo, con la esperanza de que los mercados financieros le fueran
a dar un respiro a dos meses vista de unas elecciones y un cambio de gobierno.
La
zona euro ya había tenido reglas fiscales, como el tope del 60% de la Deuda
Pública para ser país miembro o el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que
limitaba el déficit público al 3% del PIB. Unas reglas que habían saltado por
los aires en todos los países por la magnitud y duración de la crisis
financiera global, convertida después en una crisis de deuda soberana de la
zona euro. Por ello era necesario renovar esas reglas fiscales y ganar la
complicidad del BCE en la defensa de la existencia del euro.
Entre los eslóganes
políticos derivados de esa ausencia de debate queremos resaltar los más
llamativos:
“La reforma del 135 pone en riesgo el Estado del Bienestar “
Todo lo contrario. El
Estado del Bienestar es uno de los grandes logros del siglo pasado y lo que hay
que buscar son fórmulas no sólo para preservarlo, sino para ampliarlo, hacerlo
cada vez más efectivo, más eficiente, más duradero. La sostenibilidad
financiera del mismo es una condición necesaria para lograr ese objetivo.
Porque hay una verdad difícilmente rebatible, y es que el Estado del Bienestar
se desmoronará en el momento en que no podamos pagarlo.
“La reforma del 135 es de derechas”.
En absoluto. La
búsqueda de la solidaridad y la igualdad entre los ciudadanos no sólo se aplica
a la inmediatez del corto plazo, sino pensando en el largo plazo. Por tanto, no
tiene nada de progresista dejar a las generaciones futuras cargadas de deuda
pública.
Queremos igualdad de
oportunidades para los jóvenes, sin importar las circunstancias en que hayan
nacido. Queremos que los jubilados tengan una pensión que les permita vivir
dignamente. Queremos que los dependientes y sus familiares no sean abandonados
a su suerte. Y queremos que esto sea posible no sólo hoy, no sólo ahora, sino
de modo sostenible a medio y largo plazo.
Éste no es un dilema
nuevo. Lo hemos visto en otros países, como por ejemplo la Suecia de comienzos
de los años treinta. Gobernaban entonces los socialdemócratas en mitad de una
crisis económica y había déficit en las cuentas públicas. En los presupuestos
de 1933 se incluyó un anexo, escrito por Gunnar Myrdal, que venía a decir que
en situaciones de crisis habría déficit, causado por la evolución cíclica de la
economía, pero que sería compensado en épocas de bonanza por un superávit que
permitiera hacer frente a esos gastos extra durante las vacas flacas. Esto es
lo que se entiende por “estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo” o lo
que es lo mismo, establecer un límite al déficit estructural.
“La reforma del 135 establece el déficit cero para siempre”.
Falso. Establece un
límite al déficit estructural. Y también establece la estabilidad
presupuestaria a lo largo del ciclo, pero no
periodo a periodo como, por cierto, erróneamente defendía el PP en 2000.
“La reforma del 135 limita la capacidad de maniobra de la
política fiscal”.
No es cierto en el
corto plazo. Establecer un límite al “déficit estructural” otorga más
flexibilidad en caso de una grave recesión que establecer un límite al déficit
a secas. Porque un “déficit estructural” del 0,5% es compatible con un déficit
del 5 ó 6% en caso de una recesión que genere un fuerte déficit público.
“La reforma del 135 es la causante de los recortes sociales”.
Falso. Los recortes en
gasto social no tienen nada que ver con estabilidad presupuestaria, son sólo
recortes. Las coberturas del Estado serán tan generosas como decidamos
políticamente, pero debemos ser coherentes y asignar los recursos necesarios
para pagarlos ahora y dentro de cincuenta años. Además, si la estabilidad
presupuestaria genera credibilidad internacional, los acreedores estarán más
dispuestos a financiarnos y a un coste menor, lo que favorecerá que se eviten
unos recortes sociales que serían ineludibles.
“La reforma del 135 impide el impago de la deuda”
No es correcto.
Afortunadamente eso ya lo impedía la Constitución de 1978 en su redacción
original. Suponemos que nadie en su sano juicio quiera cambiar eso. Otra cosa
es la restructuración ordenada y parcial de la deuda privada que, siguiendo las
directrices del FMI pueda implementarse en algunos casos.
“La reforma del 135 supone un corsé para la Deuda Pública”.
Esta frase debe ser
una broma. Desde que se aprobó la reforma, el ratio de Deuda Pública ha pasado
del 70% al 100% del PIB. Un record de deuda y un récord de aumento de dicha
Deuda. No queremos ni imaginarnos lo que hubiera ocurrido sin dicho “corsé”.
El PSOE ha vuelto a
sorprender, esta vez al renegar de una reforma que su propio grupo propuso y
votó hace 3 años. Las buenas noticias
son que, pese a los 3 años de retraso el debate finalmente se ha abierto. Las
malas noticias son que, al calificar la reforma de “error”, ello no abre el
debate, sino que lo cierra.
Miguel Sebastian
Javier Vallés
Ariane Aumaitre
Carlos Ladrón de
Guevara
y otros 13 miembros
del colectivo “Socialismo es Libertad”:
Francisco Carrillo
Daniel Díaz
Javier Doblador
Víctor Gómez-Frías
Marina Muñoz
Javier Payo
Luis Guillermo de
Pablos
Manuel Lobo
Aurora Nacarino-Brabo
Pau Regañas
Emilio Rodríguez
José Rodríguez
Roger Senserrich,
Además, se suman:
Jimena García-Pardo
Alonso de Ojeda
Categories: economia
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