Desde que comencé mi trabajo como Secretario de Estado de Comunicación me he preguntado siempre por la controvertida y complicada relación entre política y prensa, o mas particularmente entre gobierno y medios de comunicación.
Estoy convencido que aunque el poder
político tiene la legitimidad democrática del pueblo, jamás debe contraponerse esta
con la libertad de expresión, pues es esta última la que proporciona la
garantía de una mayor calidad
democrática y la consecución de sociedades mas avanzadas en cohesión social.
Pero no me trae a estas páginas este
apasionante debate, que comenzó con las
libertades y con ellas la de prensa, y del que existen multitud de testimonios
mas autorizados que el mío. De modo que
en este delicado pero apasionante asunto, estoy y estaré mas dispuesto a
aprender que a enseñar.
No. No es esto lo que me ha animado a
escribir esta líneas sino la preocupación que me aborda cuando veo algunas
deformidades que se han asentado en nuestro país por actitudes periodísticas que no han sabido
autoexigirse el mismo nivel de exigencia que requieren.
Déjenme, antes de ir a ello, contextualizar
mis reflexiones con mis primeros días en Moncloa y de la unánime opinión que se me transmitía entonces:
la responsabilidad en comunicación era
la que mas quemaba a un político. Ojo!, unanimidad inédita entre políticos y
periodistas. Y es verdad; pero sólo a medias.
La mitad de verdad tiene que ver con la
gestión de la información durante las 24
horas del día de los siete días de la semana, con poco tiempo para pensar y
teniendo la demanda permanente de responder en cada momento a cada cuestión.
Sólo con el rozamiento que provoca esta
acelerada actividad es suficiente para terminar
afectando a tu energía disponible. Digamos que esta sería la “verdad física” de la gestión de una Secretaría de Estado de
Comunicación. Es transversal a partidos y momentos históricos. Recuérdenlo
cuando escuchen con ocasión de una
crisis de gobierno, que este siempre la
achaca invariablemente a un problema de comunicación. Nada despierta mas
unanimidad, salvo la del secretario de Estado.
La otra verdad, la política, tiene que
ver con las convicciones y el ideario político que intentas desarrollar, y
ambos no pueden valorarse desde una perspectiva personal sino colectiva. Y la
gestión del Presidente Zapatero en materia de medios de comunicación públicos fue
modélica en nuestro país.
Una TVE desgubernamentalizada llevó sus
informativos al liderazgo de audiencia de todas las televisiones. La supresión
de la publicidad institucional, que venía siendo utilizada en el pasado como
aparato de agitación y propaganda progubernamental, dio a los ciudadanos la
libertad de pensar sin ensuciar su raciocinio. Pioneras fueron también las
conferencias de prensa “rio” donde el Presidente contestaba a todas las
preguntas que se le formulaban o el programa “Tengo una pregunta para usted”
que Zapatero inauguró contestando a las preguntas de los ciudadanos.
La profesión periodística, tampoco dada a
halagar acciones de gobierno, hoy es, salvo la caverna, unánime en el
reconocimiento de aquella labor.
Y
esta realidad, que pertenece a Zapatero
y sus equipos, es la que en estos momentos estamos perdiendo a chorros.
Aseveración que vuelve a demostrar que los derechos ciudadanos, en este caso a
una información veraz e independiente, no son inmutables y que su permanencia
exige renovados compromisos políticos.
La primera legislatura, denominada por varios
autores como la legislatura de los derechos civiles, ha sido literalmente
sepultada de la información publicada desde que
nuestro país se adentro en la crisis económica mundial.
La lógica preocupación social de los
efectos de la crisis económica y sus devastadoras consecuencias sociales,
dominaban toda la información periodística. Pero para entonces ya se había fabricado
un chivo expiatorio. Zapatero era el responsable de todo y a ello contribuyó
una de las campañas mas incisivas y descalificadoras en democracia contra un
Presidente del Gobierno junto al equivocado silencio propio que veía a Zapatero
como un lastre electoral.
Hoy, ya pasados tres años de aquellas
elecciones que dieron la mayoría absoluta al PP, me resulta digno de análisis
psicológico la permanencia de esta lógica en algunos medios y en el propio PP.
El reciente debate del Estado de la
Nación ha demostrado quien ha demolido la herencia recibida y quien puede
recuperarla. La controversia sobre el rescate bancario a España puso en
evidencia quien necesita mentir para mantener su posición contra Zapatero y
quien, con simples fotocopias de periódicos, desenmascara al verdadero
responsable de las visitas de la troika a España. Mas debería hacerse en este
sentido, pues el patrimonio de los dos Presidentes socialistas, González y
Zapatero, no les pertenece solo a ellos sino al conjunto de socialistas
españoles.
Pero me resulta mas penosa la permanente
descalificación editorial del que todavía es un periódico de referencia para
muchos militantes socialistas, cómo es El País. Y lo expreso con el anhelo de
que esta situación se modifique y de que no me enfrento a un imposible.
Reconozco que hablar de un medio de
comunicación es una tarea delicada pero he decidido hacerlo en el mismo
periódico pues no hubiera sido elegante hacerlo en la competencia, aunque sí
mas fácil.
Me refiero al reciente conflicto con el
Gobierno ocasionado por la visita del Presidente Zapatero y Miguel Angel
Moratinos a Cuba.
Las declaraciones del Ministro de
Exteriores Sr. Margallo me parecen totalmente fuera de lugar. Doy por
comprobados los hechos que demuestran que el Gobierno estaba cumplidamente
informado de esa visita y que la ausencia de notificación de la agenda se debe
mas al Gobierno cubano, como bien saben todas las cancillerías europeas con
relaciones con ese gobierno, que a un presunto intento de ocultar información.
Además, el buen hacer de la diplomacia hubiera recomendado una llamada privada
del Ministro y no las declaraciones escandalosas, si se tenían esas dudas. Por ello, aunque es
razonable que no se hurgue mas en el asunto, veo mas problemas de celotipia que
políticos en la citada declaración del Sr. Margallo.
¡Ay! cuantos problemas políticos tiene todavía España derivados de
la vanidad, los celos y la envidia
nacionales.
Lo que me resulta completamente
inadmisible es la afirmación editorial de El País al calificar cómo ”vacuas y
pueriles” las palabras del Presidente Zapatero cuando afirma que “siempre he
tratado de sumar y de actuar por el interés de España”. Es que acaso no
recordamos cuando se vio obligado a defender a Aznar en la cumbre
iberoamericana del 2007 mientras Chaves arremetía contra él. ¿Puede alguien
encontrar mas diferencias políticas e incluso vitales entre Aznar y Zapatero
cómo para achacar a este último que es vacuo y pueril su interés por defender a
España?.
¿ Es que alguien recuerda
que Zapatero haya hecho en alguna ocasión algo remotamente parecido a una
crítica en el exterior al Gobierno de España? ¡No las ha hecho ni dentro de
nuestro país! ... Ni siquiera en defensa propia frente a un Gobierno que ha
construido el 80 por ciento de su relato político sobre la descalificación sin
réplica a la herencia recibida'.
Pero me produce aún mas bochorno el leer
en un suelto bajo el epígrafe “Análisis” “Lobistas en la Habana”, donde por el
uso del plural (lobistas) se le achaca al Presidente Zapatero un interés
económico personal en su visita a la Habana. El que se haga además dentro de
una sección de análisis, es completamente desalentador.
Si a continuación se le exige un discreto
segundo plano del que no debe de salir, ¿Por qué esta exigencia es individual y
no colectiva como debería ser para todos los ex presidentes?. No creo en la
teoría de los jarrones chinos, pues su experiencia es demasiado valiosa como
para dilapidarla por razones de coyuntura. Este país desecha mucho valor
añadido político con demasiada
frecuencia.
Insisto, por encima de la libre
apreciación que tengamos sobre las actuaciones públicas de nuestros
representantes políticos y mas de un ex Presidente, opinar sobre ellas nos debe de exigir tanto como exigimos nosotros de
las mismas.
Si no lo hacemos así se impondrá una
especie de tertulianización continua de la política sin que prevalezcan análisis
sosegados y rigurosos. Y todavía peor, se pondrá en tela de juicio la
imparcialidad debida de todos los medios de comunicación.
Fernando Moraleda
Ex Secretario de Estado de Comunicación