Desde 1980 hasta 2014 la economía española creció
en promedio un 2,2% anual en términos reales. Parece haber un consenso
generalizado en que nuestra economía crecerá en torno al 2,5% este año 2015. La
Comisión Europea apunta al 2,3% y el Gobierno revisará al alza el próximo mes
de abril su ya obsoleta previsión del 2%. Es decir, en 2015 nuestra economía va
a tener, por primera vez en 8 años, un crecimiento superior al “tendencial” (en
2007 el PIB real creció un 3,8% y en 2008 apenas un 1,1%). Si a eso le sumamos que
la economía lleva 6 trimestres consecutivos con crecimiento positivo, es
difícil no concluir que la economía española, en efecto, “está en una fase de
recuperación”. Entonces, ¿por qué la población en general no lo percibe así? Si
acudimos al último barómetro del CIS, el 77% de los consultados cree que la situación
económica general es “mala o muy mala” y el 84% opina que la situación
económica actual del país es “igual o peor” que hace un año. ¿Cómo es posible
que esos buenos datos macroeconómicos no sean percibidos por la inmensa mayoría
de la población? Hay dos posibles explicaciones. Una de ellas es que la
recuperación sólo afecta a una minoría de ciudadanos. Este argumento no parece
muy plausible porque los agregados macroeconómicos son precisamente eso:
agregados. Y, por construcción, recogen el comportamiento de los agentes
económicos en su conjunto (consumo, renta, empleo, inversión, etc.). ¿Cómo
puede el Consumo privado agregado crecer sin que crezcan las compras de bienes
y servicios de una buena parte de las familias españolas? Así pues, la
explicación a la paradoja anterior hay que buscarla en otro lado. Creo que se
explica porque a la población en general no le preocupan las “tasas de
crecimiento” de las variables macroeconómicas sino los “niveles” de dichas
variables: Y que solamente notarán la “mejoría” cuando esos agregados
macroeconómicos recuperen un cierto nivel. Si el lector se fija en las primeras
líneas de este artículo, notará que sólo se habla de tasas de crecimiento. Ni
un solo nivel. Y esa es la tónica de prácticamente toda la información
económica que se maneja en los medios, en las tertulias y por parte de casi todos
los analistas y economistas. Las tasas de crecimiento están bien para anticipar
movimientos o cambios de tendencia. Pero, la gente no vive de las tasas de
crecimiento, sino de los niveles. Y cuando hablamos de la economía en términos
de niveles, el panorama no es tan halagüeño como el de la economía en términos
de tasas de variación.
Pongamos, por ejemplo, el caso de la variable
económica por excelencia: el Producto Interior Bruto (PIB) expresado en
términos reales o a precios constantes, que es una aproximación de la Renta
Nacional de un país. Tomando como base un índice con base 100 en 2010, dicho
PIB real alcanzó un máximo en el segundo trimestre de 2008 con un valor de
104,4. A partir de entonces, cayó durante 6 trimestres consecutivos, creció
durante todo el año 2010 (los famosos “brotes verdes”), volvió a caer a partir
de 2011, y desde mediados de 2013 se vuelve a recuperar. En el último trimestre
de 2014, y pese a los 6 trimestres consecutivos de recuperación, el PIB real ha
alcanzado un nivel de 98,3. Es decir, un nivel de renta un 5,8% más bajo que el
que había antes de que estallara la crisis. Esto implica que, incluso
recuperando la tasa de crecimiento tendencial, tardaremos casi 3 años más en
recuperar el nivel de renta real previo a la crisis, algo que sí “notaría” la
gran mayoría de la población. Mas aún, suponiendo que la economía hubiera
crecido a ese ritmo tendencial desde 2006, hoy estaríamos casi un 17% por
debajo de la renta que nos correspondería de acuerdo con ese ritmo potencial o
de largo plazo.
Cuando miramos los niveles y no las tasas de
crecimiento el panorama económico es, por tanto, bien diferente. Entonces, si a
la gente le preocupa los niveles y no las tasas, ¿por qué el Gobierno insiste
en hablar sólo de las tasas, aun a costa de un grado de irritación notable de
buena parte de la población? La respuesta aquí es más sencilla. Los resultados
económicos de los 3 años de Gobierno de Rajoy no son nada favorables si se
miden en niveles. Tomando como ejemplo una vez más el índice de PIB real, éste
se encontraba en el cuarto trimestre de 2014 en 98,3. Y en el cuarto trimestre
de 2011, cuando Zapatero dejó el Gobierno, se encontraba en 98,8. Es decir,
tres años completos después, el Gobierno de Rajoy no ha logrado recuperar el nivel
de PIB real que heredó de Zapatero. Con estos datos, que son públicos y que cualquiera
puede comprobar inmediatamente en la página web
del INE, resulta muy difícil validar la idea de “nos encontramos con una
economía que era un desastre cuando llegamos y ahora le hemos dado la vuelta”.
Porque esta frase es pura propaganda. La realidad es: “aun no hemos conseguido
recuperar los niveles de Renta Nacional que heredamos hace tres años, y eso que
prometimos que sería fácil hacerlo”. Algo parecido ocurre con la Producción
Industrial, que está hoy 4 puntos por debajo del nivel de finales de 2011 (91 versus
95, en un índice base 100 en 2010).
Estamos en un año puramente electoral, con 4
convocatorias de elecciones en apenas 9 meses. Por tanto, estaremos sometidos a
una continua campaña propagandística. Recuperación económica, sí, pero con
elevadas dosis de propaganda política.
Además del PIB hay otros muchos ejemplos, tanto
micro como macroeconómicos, de la economía real y financiera, donde ya se detecta
la labor de ese equipo propagandístico. Pongamos sólo algunos de ellos,
empezando por uno de tipo microeconómico.
Las exportaciones
de automóviles.- Recientemente
hemos conocido el cierre del
ejercicio 2014, en el que las exportaciones de automóviles han alcanzado los 2
millones de unidades, con un crecimiento del 8% con respecto al año pasado. No
he encontrado ni un solo medio que no haya hecho una valoración tremendamente
positiva de este dato que, cuando se mide en tasas de crecimiento, es realmente
espectacular. Incluso algún tertuliano se ha venido arriba diciendo que eso se
debe “a la ganancia de competitividad por la reforma laboral”. El problema es
que en el cierre del año 2011, último año de Zapatero, las exportaciones de
automóviles alcanzaron los 2,1 millones de unidades, con un euro mucho más
apreciado que ahora y antes de la reforma laboral.
El paro.- Si preguntáramos por la calle
si el paro se ha reducido con el Gobierno de Rajoy, la respuesta sería
mayoritariamente afirmativa. Pero la realidad de los datos dice otra cosa.
Comparando una vez más los datos más recientes de la EPA (cuarto trimestre de
2014) con la EPA de finales de 2011 comprobamos que el número de parados es hoy
mayor que entonces en 170.000 personas (5,46 versus 5,29 millones). Si nos
ceñimos a los parados de larga duración, la situación es peor, dado que hay
710.000 parados más. Y si nos fijamos en la tasa de paro, se encuentra más de un punto por encima
(Zapatero la dejó en el 22,6% y ahora está en el 23,7%). Y la juvenil ha
empeorado incluso más (49% versus 44%). También lo ha hecho la de los mayores
de 50 años, que ha subido casi 3 puntos. Y el número de hogares con todos sus
miembros en paro, que es hoy 144.000 hogares más elevado.
El empleo.- Aquí la comparación tampoco resulta
muy favorable para el Gobierno de Rajoy. Hay 584.000 ocupados menos, se
trabajan 177 millones de horas menos y los perceptores de renta (ocupados +
parados con prestación) son un millón menos de los que había al acabar 2011.
Finalmente, la tasa de “precariedad” (temporales + contratados a tiempo
parcial) ha aumentado en 2 puntos (del 34 al 36%).
Empresas y
libertad económica.-
Desde finales de 2011 hasta 2014 el número de empresas se ha reducido en 71.000
según el DIRCE y en 36.000 según la Seguridad Social. En cuanto al Índice de
Libertad Económica de la Heritage
Foundation, en estos
tres años hemos retrocedido 13 posiciones (del puesto 36 al 49), siendo
superados por países como Perú, Jordania, Uruguay, Letonia y Botswana, entre
otros.
En resumen, nos encontramos en un año
electoral cuya propaganda nos empujará a fijarnos solo en las tasas de crecimiento
de las macromagnitudes. Pero, si quieren hacerse una idea más acertada de la
magnitud de la recuperación, no se les olvide mirar también los niveles. Y la
comparación internacional. Pueden encontrarse con muchas sorpresas.
Miguel Sebatian
Universidad Complutense de Madrid.
Publicado en Nuevo Lunes, Especial 34 Aniversario
23 de Febrero de 1981
23 de Febrero de 1981